Ecuador se inunda, la producción se hunde y el Estado sigue sin una entidad que construya obras hidroagrícolas. Durante más de una década, el país ha operado sin una institución capaz de planificar, ejecutar y mantener infraestructura de riego y drenaje. La desaparición de organismos como CEDEGE, CRM e INERHI dejó un vacío que productores, técnicos y gobiernos locales identifican como una de las causas estructurales del deterioro agrícola y del riesgo creciente para la seguridad alimentaria.
La consecuencia es visible en cada invierno: hectáreas enteras perdidas, cultivos destruidos, cadenas de suministro interrumpidas, exportaciones frenadas y precios que se disparan por la especulación. Mientras tanto, los agricultores ven cómo el agua arrasa su trabajo sin que exista una entidad estatal responsable de protegerlos. No una sola.
La amenaza de un fenómeno de El Niño fuerte debería ser una advertencia suficiente. No se trata solo de reaccionar ante la emergencia: se trata de prevenirla. El país necesita reforzar drenajes, desazolvar esteros y ríos, utilizar ese material para fortalecer muros y proteger zonas agrícolas y urbanas. La infraestructura hidroagrícola no es un lujo técnico; es la base de la estabilidad productiva.
Hoy, la Secretaría del Agua según productores y autoridades locales se ha convertido en un aparato burocrático que regula, archiva y firma, pero no ejecuta. Y un país que no ejecuta, pierde. Pierde competitividad, pierde empleo, pierde territorio y pierde futuro.
Los GAD, con presupuestos mínimos y maquinaria alquilada, hacen lo que pueden. Pero no pueden reemplazar a una institución nacional con mandato, recursos y capacidad técnica. Cada invierno, el país paga la factura de esa ausencia.
Expertos del sector coinciden: Ecuador está indefenso frente al clima porque renunció a construir infraestructura. No es un problema de recursos, sino de prioridades. No es un problema de leyes, sino de liderazgo. Y mientras otros países fortalecen sus agencias ejecutoras para enfrentar eventos extremos, Ecuador sigue atrapado en discusiones estériles sobre quién debería hacer qué, mientras nadie hace nada.
La improvisación se ha vuelto política pública. Y la improvisación, en infraestructura, siempre termina en tragedia económica.
Este no es un debate ideológico. Es un llamado urgente a reconstruir la capacidad del Estado para proteger su producción, su empleo y su seguridad alimentaria. Porque un país que no puede manejar el agua no puede manejar su futuro.
Ecuador necesita una institución que construya. Y la necesita ya.
Ing. Pedro Álava González, M.Sc
Sunrise, FL 33322
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