El 02 de Agosto de 2026 participé en una entrevista en Radio Sira, invitado por el Lic. Max Marín, para analizar la coyuntura del sector agropecuario. En el panel, otro participante defendió la reciente decisión gubernamental de fusionar el Ministerio de Agricultura con el Ministerio de Economía. Mi postura fue y continúa siendo totalmente contraria.

Durante el diálogo, el afirmó que el MAG habría caído en prácticas de clientelismo durante más de una década, centradas en la entrega de tractores y paquetes tecnológicos sin resultados concretos. Según esa visión, la solución sería absorber Agricultura dentro de Economía para lograr eficiencia fiscal, cuando lo inteligente era remplazar a dicho incapaz ministro por un técnico que conozca las debilidades estructurales que no se resuelven con regalos.  Esa conclusión desconoce la esencia del sector y confunde administración presupuestaria con desarrollo productivo.

Más adelante, el panelista citó cifras de exportación y mencionó el crecimiento de la agroexportación peruana, atribuyéndolo exclusivamente al dinamismo del sector privado. Esa lectura es incompleta. El éxito agrícola del Perú no se explica sin las gigantescas inversiones públicas en infraestructura hidráulica: trasvases entre cuencas, presas, canales mayores, túneles y sistemas de riego tecnificado. Ninguna empresa privada habría asumido por sí sola el costo monumental de transformar desiertos en zonas productivas. Ignorar ese aporte estatal distorsiona la verdadera historia del desarrollo agrícola peruano.

Que podrá comprender la super ministra de economía sobre esto: Existe un hecho alarmante que el país no puede ignorar: el avance del Fusarium Raza 4 Tropical (TR4) en la provincia de El Oro, confirmado por AGROCALIDAD. Esta enfermedad la más agresiva del género Fusarium oxysporum f. sp. cubense ataca fatalmente todas las musáceas, incluyendo la variedad Cavendish que constituye la base de nuestra producción bananera.

La expansión del TR4 en El Oro no es un problema administrativo ni fiscal: es un problema técnico, fitosanitario y de supervivencia productiva. En peru la enfermedad avanza muchos kilómetros hacia zonas sanas, y no existe ninguna barrera de bioseguridad que la detenga, cuando este lo entienda el presidente del Ecuador, comprenderá que la única opción es buscar con el apoyo de la ingeniería biogenética (EDICION GENETICA) una variedad resistente no solo al fusarium sino a otras plagas y enfermedades, pues bien, esto se lo tiene que implementar en muchos otros cultivos si el Ecuador pretende continuar siendo un país esencialmente agropecuario.

Requiere ciencia, bioseguridad, infraestructura, vigilancia epidemiológica y una institucionalidad agrícola fuerte. Pretender manejar esta crisis desde un ministerio orientado a balances fiscales es una incoherencia que pone en riesgo miles de hectáreas, miles de empleos y la estabilidad económica de toda la región.

Por ello, insistí en un punto fundamental: la institucionalidad hídrica y fitosanitaria debe fortalecerse y articularse con Agricultura, no con Economía. La decisión inteligente habría sido fusionar el MAG con la Secretaría del Agua, porque ningún inversionista pondrá un dólar en zonas sin agua para riego. Y ningún país podrá contener el avance del TR4 sin una autoridad agrícola con capacidad técnica, autonomía y recursos.

Cuando ciertos líderes gremiales se marean con el poder y se convierten en figuras de plástico que repiten cifras sin contexto, pierden credibilidad. La defensa del agro no se hace con discursos memorizados, sino con visión técnica, con conocimiento del territorio y con respeto a la institucionalidad que sostiene al país.

Las incoherencias administrativas impuestas tras la desaparición del MAG contradicen la lógica natural del desarrollo agrícola. Así, simplemente, no se puede desarrollar el país. La eliminación de la rectoría agrícola ha frenado procesos estratégicos que podrían haber cambiado la historia del sector y ahora, además, nos deja vulnerables frente a una enfermedad devastadora como el TR4.

Quiero ser absolutamente claro: no he sido ni soy político. Mi visión es técnica, basada en evidencia y en décadas de trabajo directo con el sector. Desde esa perspectiva, es evidente que más de seis millones de campesinos, productores y familias vinculadas al agro no se sienten representados ni respaldados por las decisiones del actual gobierno.

El problema no es ideológico; es estructural. La desaparición del MAG dejó al sector sin institucionalidad, sin dirección técnica y sin una voz capaz de articular políticas públicas coherentes. Mientras esa situación persista, el malestar rural seguirá creciendo. Solo un acto de autoridad la restitución plena del Ministerio de Agricultura podría corregir este vacío. Pero, siendo realistas, ese giro institucional parece poco probable.

Mi posición es sencilla: el país no puede desarrollarse si desconoce a quienes lo alimentan. Y el agro no puede avanzar sin ciencia, sin tecnología y sin un ministerio que lo represente.

Ing. Pedro Alava González, M.Sc. (786) 493 7644

[email protected]

Sunrise, Fl 33322

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