Desde ya convoco a todo el sector agropecuario para que DNA de marcha atrás a la fusión degradante del MAGP, caso contrario, en noviembre 2026 lo rechacemos en todo el país en las urnas, solo así DNA comprenderá que lo que hizo fue un error garrafal que debe enmendarlo. Aquí veremos si el posee una estadista capacidad de enmendar yerros.

La decisión del presidente de reducir el Ministerio de Agricultura y Producción a una subsecretaría subordinada al Ministerio de Finanzas no es solo un error técnico: es una agresión política directa contra el sector que sostiene al Ecuador. El malestar que hoy recorre al agro no es retórico ni exagerado; es la reacción legítima de un país productivo que se siente traicionado por un Gobierno que ha decidido minimizar, ignorar y desmantelar la institucionalidad que durante décadas defendió a millones de agricultores. Convertir al MAGP en un apéndice burocrático es un mensaje claro y ofensivo: para este Gobierno, el campo no importa, el productor no importa, la seguridad alimentaria no importa, y la voz del agro no puede ser silenciada sin consecuencias.

El Ecuador vive de su agricultura. El campo sostiene la economía real, genera empleo, produce alimentos, exporta, paga impuestos y mantiene vivas regiones enteras. Sin embargo, el presidente ha optado por reducir esa fuerza nacional a una oficina secundaria, sin autonomía, sin liderazgo y sin capacidad de decisión. Esta medida revela una visión profundamente equivocada y peligrosamente centralista: la agricultura, para este Gobierno, es un número en una hoja de cálculo, no un sector estratégico que requiere presencia territorial, conocimiento técnico y autoridad política. Al eliminar la rectoría ministerial, el Gobierno deja al país sin defensa ante emergencias climáticas, sin protección sanitaria, sin innovación productiva y sin representación institucional. Es un retroceso histórico que ningún agricultor, técnico, exportador o trabajador del campo puede aceptar.

El malestar del agro es político porque la agresión fue política. Cuando un presidente degrada al sector más importante del país, está tomando una posición clara: está diciendo que el campo no merece ministerio, no merece voz, no merece asiento en la mesa donde se decide el futuro nacional. Esa decisión rompe la confianza, rompe la relación entre el Estado y el productor, y rompe la mínima coherencia que debería existir entre un Gobierno y el sector que alimenta a la nación. El agro ecuatoriano no es un espectador pasivo. Es un actor político, económico y social de un enorme peso electoral, y su indignación será reflejada este próximo noviembre 2026 con un contundente rechazo en las urnas porque el sector agropecuario no puede ser ignorado ni minimizado.

Hoy, el agro está indignado. Y tiene razones de sobra. No se puede gobernar un país despreciando a quienes lo sostienen. No se puede hablar de desarrollo mientras se destruyen las instituciones que lo hacen posible. No se puede pedir sacrificios al productor mientras se le arrebata su ministerio. El Ecuador necesita un liderazgo que respete al campo, que entienda su importancia y que no lo reduzca a una dependencia contable. El agro ecuatoriano exige dignidad, exige representación y exige que el Estado deje de jugar con su futuro.

Ing. Pedro Alava Gonzalez M.Sc.

(786) 493 7644

[email protected]

Sunrise, Fla 33322

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