El ciudadano de a pie, ese que a veces come una sola vez al día, observa con horror cómo, en el caso PROGEN, se han evaporado más de 100 millones de dólares. No se los llevó una banda extranjera, ni un cartel internacional, ni un hacker escondido en otro continente. Se los llevaron desde adentro, desde los pasillos donde debería administrarse el Estado, no desvalijarlo.
Lo más indignante no es solo el monto, sino la impunidad. En un país donde denunciar se ha convertido en un acto suicida, la gente siente que vive bajo un régimen donde si reclamas, te persiguen; si insistes, te cancelan; y si estorbas demasiado, te silencian. ¿Qué clase de democracia es aquella donde el miedo pesa más que la justicia?
Mientras tanto, el campesino hoy devaluado por una fusión incoherente, el obrero, la madre soltera, el jubilado, todos ellos los que sostienen al país con su trabajo diario ven cómo cada dólar robado se traduce en menos comida, menos empleo, menos seguridad y más violencia. Porque cuando el Estado se convierte en botín, la sociedad entera paga la factura.
El caso PROGEN no es solo es un escándalo es un saqueo público: es un síntoma terminal de un sistema que ha perdido la vergüenza y la brújula moral. Y aunque intenten distraer, dividir o intimidar, la verdad es simple: Un país donde robar desde el poder no tiene consecuencias, está condenado a repetir su tragedia.
En ese contexto, de un gabinete armado entre intereses contradictorios y marcado por la presencia mayoritaria de funcionarios inexpertos, ha emergido una figura especialmente cuestionada por gran parte de los ecuatorianos: el secretario general de la Administración, quien concentra un poder político incluso superior al del propio DNA.
Finalmente, Esta figura, que proclama con insistencia su supuesta moralidad, se ha convertido en el ejemplo más claro de esa contradicción. Desde su oficina, en lugar de promover el equilibrio, la transparencia y el control institucional, habría construido un aparato de vigilancia destinado a intimidar y neutralizar a cualquier actor político que no se someta a la narrativa oficial, mientras protege a quienes han saqueado el erario nacional.
Ing. Pedro Alava Gonzalez
Sunrise, Fl 33322
